Hay decisiones que en el fútbol peruano se explican por error humano, y otras que simplemente parecen una burla al sentido común. La designación de Michael Espinoza para dirigir el encuentro de este domingo 6:00 pm entre Alianza Lima y Comerciantes Unidos en Matute pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
La Comisión Nacional de Árbitros (CONAR) parece sufrir de una amnesia selectiva preocupante o, peor aún, de una falta de tacto absoluta. Para entender la gravedad de este nombramiento, no hay que irse muy lejos. Basta con retroceder al 18 de junio de 2025, una fecha que en Cutervo y en la retina del hincha imparcial sigue fresca.
Aquella tarde en Trujillo, Espinoza no solo se equivocó; decidió equivocarse. Todos recordamos la jugada: el gol legítimo del empate para Comerciantes Unidos en los minutos finales. Lo que siguió fue un escándalo documentado: el VAR, esa herramienta supuestamente diseñada para impartir justicia, le gritó al oído que el gol era válido, que la mano era natural, que no había infracción. ¿Qué hizo Espinoza? Ignoró la tecnología, ignoró a sus colegas y, con una soberbia inexplicable, anuló un gol legítimo que benefició directamente a Alianza Lima.
El resultado después de aquella tarde fue una suspensión «indefinida» que sonó a castigo ejemplar. Pero en el fútbol peruano, «indefinido» parece significar «hasta que baje la marea».
Hoy, la CONAR lo premia asignándole exactamente el mismo partido, con los mismos protagonistas y con la misma sombra de sospecha flotando en el aire. ¿No había otro árbitro disponible? ¿Es necesario exponer al torneo a este nivel de suspicacia?
Poner a Espinoza a dirigir nuevamente a Comerciantes Unidos contra Alianza Lima es un despropósito. Envía un mensaje terrible: que la incapacidad técnica no tiene consecuencias reales y que los antecedentes de favorecimiento a un equipo grande se borran con el cambio de calendario.
Para el hincha de Comerciantes, esto es una provocación. Para el hincha neutral, es una señal de alerta. Y para el propio espectáculo, es una garantía de tensión innecesaria. Este domingo en Matute, Michael Espinoza no solo tendrá el silbato en la boca, sino también la lupa de todo un país que ya sabe de qué pie cojea.
Si el arbitraje vuelve a ser protagonista este fin de semana, la culpa no será solo del juez, sino de quienes, conociendo sus antecedentes, decidieron ponerlo de nuevo en la escena del crimen.